¿Por qué bautizar a los bebés? La respuesta bíblica y patrística
Por: J. A. Tellessan.
El Bautismo es el Sacramento de iniciación cristiana. Mediante el bautismo, nos hacemos miembros del cuerpo de Cristo, la Iglesia, se recibe el Espíritu Santo infundiéndonos su Gracia y se nos perdonan todos los pecados (en el caso de los bebés, el pecado original, con el que todos nacemos).
El bautismo, que es de carácter indeleble, nos hace Hijos legítimos de Dios, marcados con el sello de su Espíritu para siempre.
Los protestantes, por lo general, rechazan el bautismo de infantes argumentando torpemente que en la Biblia esta práctica supuestamente no está documentada, y que el bautismo solo es para el perdón de los pecados, obviando todas las demás gracias inherentes al bautismo.
Los que así piensan, pasan por alto que el bautismo es la sustitución de la circuncisión, mediante la cual se pasaba a ser parte del Pueblo de Dios en la Antigua Alianza, y que era recibida siendo un bebé.
«En Cristo recibieron una circuncisión no humana, no quirúrgica, que los despojó enteramente del cuerpo carnal. Esta "circuncisión de Cristo" es el bautismo, en el cual fueron sepultados con Cristo. Y en él fueron luego resucitados por haber creído en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos». Colosenses 2,11-12.
Siendo el Sacramento que nos hace miembros de la Iglesia, ¿por qué no ser miembros de Cristo desde el nacimiento, tal como los judíos se hacían miembros del Pueblo de Dios desde su circuncisión?
«Ustedes están en Cristo Jesús, y todos son hijos de Dios gracias a la fe. Todos se han revestido de Cristo, pues todos fueron entregados a Cristo por el bautismo». Gálatas 3,26-27.
Así pues, no existe oposición que nos haga creer que el bautismo de infantes es contrario a la fe. Es todo lo opuesto. Por eso vemos en la Biblia que familias enteras se bautizaban (incluidos sus hijos y bebés) y se hacían miembros de la Iglesia.
«Ellos dijeron: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa". Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa. Y él, tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos». Hechos 16,31-33.
Por eso la Biblia afirma:
«El Señor agregaba cada día a la Iglesia a los que se habían de salvar». Hechos 2,47.
¿Y cómo lo hacía? Mediante el bautismo, obviamente.
Por si no fuera poco, tenemos también el testimonio de los Padres de la Iglesia:
«Pues Cristo vino a salvar a todos los que por él nacen de nuevo en Dios: a los recién nacidos, a los niños, a los muchachos, a los jóvenes y a los ancianos. Por tanto, pasa por todas las edades: se hace niño con los niños, para santificar a los que tienen su misma edad, y ejemplo para ellos de piedad, de justicia y de obediencia; se hace joven con los jóvenes, santificándolos también a ellos y siendo ejemplo para los jóvenes, haciéndoles ver cómo han de ser jóvenes perfectos y cómo han de ser obedientes a Dios». San Ireneo de Lyon, Contra los herejes, II, 22, 4, año 190 aproximadamente.
«El mismo Señor, que dijo: "Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de los cielos", y que abrazó y bendijo a los que le presentaban, ¿acaso no los abraza y bendice en el bautismo, cuando los hace miembros de su cuerpo?». San Agustín de Hipona, Sermón 214, 11.
Que no te engañen, el bautismo es para todos los que se unen a Cristo en su Iglesia.

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