¿Solo la Biblia? Un diálogo entre amigos
Por: J. A. Tellessan.
Un día, estaba reunido con mis amigos, compartiendo. Hablábamos de todo un poco y, en un momento de la conversación, como nunca puede faltar, salió a flote el tema religioso.
—Muchachos, ¿qué van a hacer en semana santa? —preguntó Miguel.
Félix se puso de pie, aplaudió alegremente y dijo sonriendo:
—Yo me voy de viaje. Ustedes saben, estas son las mejores fechas para ir a la playa a disfrutar.
Yo a mi vez dije:
—Yo voy a la Iglesia, estas fechas son propicias para encontrarnos con Dios y reflexionar sobre el amor tan grande que Él nos tiene, que incluso fue capaz de entregar su vida por nosotros.
Miguel y Félix me miraron con expresión de asombro y se quedaron reflexionando. Martín, por el contrario, replicó:
—Eso podemos hacerlo en cualquier fecha del año. Yo no entiendo por qué los católicos tienen que celebrar semana santa, como si los días pudieran ser santos. El único santo es Dios.
—Martín —dijo Miguel—, la semana santa se llama así porque en ella se conmemora, históricamente, la crucifixión, muerte y resurrección de Jesucristo.
—Sí, pero es que la Biblia nada dice de celebrar la semana santa. ¿Dónde dice la Biblia que tenemos que celebrar el domingo de ramos, el jueves santo, etc.? Si la Biblia no lo dice, no hay que hacerlo.
—Tiene sentido —dijo Félix.
—La semana santa se basa en la Pascua judía —replicó Miguel—. La Biblia nos cuenta cómo los judíos anualmente celebraban esta festividad conmemorando la liberación de la esclavitud de Egipto.
Yo aproveché la acotación de Miguel para agregar:
—Eso es correcto. El mismo Jesucristo celebró la Pascua y en esas fechas fue que murió y resucitó. Por eso se celebra la semana santa en estas fechas.
—Pero insisto —dijo Martín—, la semana santa no es bíblica. No hay orden bíblica de celebrar esas fiestas así como ninguna otra celebración de la Iglesia católica romanista.
—¿Pero todo tiene que estar en la Biblia? —preguntó Félix.
—¡Claro! —dijo Martín acomodándose en el mueble—, la Biblia es nuestra única fuente de autoridad y doctrina, por eso lo que no esté en la Biblia no se debe creer.
—Eso es falso —dijo Miguel haciendo un gesto con la mano—. La misma Biblia reconoce que no todo está escrito en ella.
—Correcto —dije yo—. El evangelio de Juan termina diciendo precisamente eso.
Martín puso cara de contrariado, pero dijo:
—Sí, pero la Biblia dice que ella misma es la Palabra de Dios inspirada. Dice 2 de Timoteo 3:16 que solo la Escritura es inspirada.
Al escuchar esto, pude notar de inmediato el sesgo de Martín, por lo que lo contradije diciendo:
—No. Esa cita no dice que "solo" la Escritura es inspirada. Dice "toda" Escritura es inspirada.
—Bueno, ahí está. La Biblia es inspirada por Dios. Por eso solo la Biblia es la fuente de doctrina.
—Eeehm —dijo Félix llevando una mano a su quijada, pensativo—, pero es que el hecho de que la Biblia diga que es inspirada no significa que ella sea la única fuente de autoridad y doctrina, ¿no?
—Eso mismo iba a decir yo —dijo Miguel—. Una cosa es que la Biblia sea inspirada y otra muy diferente es que solo ella sea la autoridad.
—Es que de hecho, la misma Biblia dice que ella no es la única fuente de autoridad —dije yo, ocasionando que Martín me mirara con expresión de asombro e incredulidad—. 2da de Tesalonicenses 2,15 nos dice que debemos mantener las tradiciones que hemos recibido de los apóstoles de viva voz o por carta. Eso significa que los apóstoles y lo que nos enseñaron de viva voz, además de la Escritura, son las fuentes de la autoridad.
—Eso no es lo que dice ese versículo —replicó Martín—, ese versículo dice que debemos conservar las doctrinas, no las tradiciones.
—Es lo mismo —respondí—. Las tradiciones de los apóstoles son doctrina. La Iglesia católica llama a las enseñanzas de los apóstoles recibidas oralmente "Tradición Apostólica", que es diferente de las tradiciones meramente humanas.
Félix seguía pensativo y preguntó:
—¿Y en qué se diferencian?
—La Tradición Apostólica es la doctrina de los apóstoles, o sea, la enseñanza recibida de generación en generación en la Iglesia; mientras que las tradiciones son lo que normalmente conocemos como costumbres, que son accesorias. Por ejemplo, hacer procesiones, hacer fiestas patronales, etc.
—O sea —dijo Félix—, ¿quiere decir que las costumbres locales de cada país son tradiciones que no tienen nada que ver con la Tradición Apostólica?
—Sí y no —respondí—. Las tradiciones locales son reflejo de la Tradición Apostólica, que es la enseñanza de los apóstoles. Pero solo la Tradición Apostólica es doctrina. Las costumbres locales pueden cambiar, pero la doctrina no.
—Pero igual solo son doctrinas humanas —replicó Martín—. No hay orden bíblica de seguir tradiciones humanas. De hecho Cristo reprocha a los que siguen las tradiciones humanas. Por eso solo la Biblia puede ser fuente de doctrina.
—Mmmm, no lo sé —dijo Félix en tono filosófico—. ¿No es contradictorio que por una parte la Biblia diga que no se deben seguir tradiciones humanas y que por otro lado ordene guardar las tradiciones recibidas de los apóstoles?
—¡Eso mismo iba a decir yo! —dijo Miguel entusiasmado—. Martín, estás haciendo que la Biblia se contradiga y la Biblia no puede contradecirse.
—Es que el problema es que Martín ignora que los apóstoles son enviados de Jesús —dije yo—, pues en Lucas 10,16, Jesús les dice a los apóstoles que el que los escuche a ellos lo escucha a él mismo y quien los rechace a ellos lo rechaza a él mismo. Así que lo que los apóstoles nos enseñaron de forma oral, la Tradición, también es Palabra de Dios, no son meras tradiciones humanas.
Martín se acomodó en su asiento, como en posición de batalla, y dijo:
—Pero el problema es que los apóstoles son humanos y ellos, como cualquier humano, fallaron y cometieron errores, así que no pueden ser confiables para ser fuente de la Palabra de Dios, precisamente porque son humanos. Solo la Biblia es confiable porque es la palabra de Dios infalible.
—Tiene sentido —reflexionó Félix—. Sin embargo, eso sigue manteniendo en pie la contradicción. Es verdad que los apóstoles son humanos y cometen errores como cualquier ser humano, entonces, siguiendo tu lógica, tiene sentido que no sean de fiar. Pero entonces la Biblia se contradice porque ella misma dice que sigamos las tradiciones recibidas de los apóstoles, tal como dice 2da de Tesalonicenses 2,15. Entonces, si los seres humanos falibles no son de fiar, ¿por qué nos piden guardar sus palabras como doctrina?
—Eeehm... —Martín se llevó un mano a la frente y empezó a rascársela, pensativo.
—Eso sucede —intervine— porque los apóstoles y sus sucesores gozan de un poder especial dado por Dios llamado infalibilidad.
—¿Infalibilidad? —preguntó Félix—. ¿Pero no acabamos de decir que los apóstoles, como todo ser humano, se equivocan, cometen pecados y errores?
—Sí, así es. Lo que pasa es que esta infalibilidad la tienen solo en cuestiones doctrinales.
—¡Claro! —exclamó Miguel—. No tendría ningún sentido que los apóstoles fueran portavoces de la Palabra de Dios, tal como dice Lucas 10,16, y que al mismo tiempo no fueran infalibles cuando enseñan la Palabra de Dios.
—¡Pero es que eso no es así! Solo la Biblia es Palabra de Dios inspirada. Lo demás está sujeto a errores porque son doctrinas humanas. Solo la Biblia puede ser inerrante.
—¿Eso según qué pasajes bíblicos? —preguntó Félix mirando fijamente a Martín con incredulidad.
—Bueno, ya les dije 2da de Timoteo 3,16.
—Y nosotros ya te dijimos que esa cita dice "toda Escritura es inspirada" no dice "solo la Escritura es inspirada" —dijo Miguel.
—Es cierto —dijo Félix—. ¿Solo esa cita tienes para sustentar lo que afirmas?
—"Porque recta es la palabra de Jehová y toda su obra es hecha con fidelidad". Salmo 33:4 —respondió Martín con orgullo.
—Chévere —dije yo—. El detalle es que esa cita dice una verdad que no está en discusión. Aquí estamos hablando es de que tú dices que solo la Biblia es de fiar, pero esa cita bíblica habla es de la Palabra de Dios, no de la Biblia.
—¿Y no es lo mismo? —preguntó Félix.
—No. No es lo mismo. La Palabra de Dios es mucho más amplia que la Biblia. La Biblia solo es una parte de la Palabra de Dios, la que está por escrito. Pero recuerda que 2da de Tesalonicenses nos dice que lo que los apóstoles nos piden guardar, la Tradición Oral, también es Palabra de Dios.
—Y también lo dice Lucas 10,16 —intervino Miguel—. Si Jesús les dijo a los apóstol que el que los escucha a ellos escucha a Jesús mismo, entonces ellos también son fuente de la Palabra de Dios.
—Cierto —dijo Félix—. Entonces lo que dice Martín contradice la Biblia.
—Totalmente —dije—. Esa doctrina que está defendiendo Martín, se llama "Sola Scriptura" y es la doctrina que más identifica a todos los protestantes.
—Entiendo —dijo Félix—. Y además de contradecir a la Biblia, hasta ahora Martín no nos ha dicho en qué citas bíblicas se basa para sostener esa idea.
—¡Claro que sí lo dije! —alzó la voz Martín.
—No, amigo —dijo Félix—. Las citas bíblicas que has dado no dicen nada de que "solo" la Biblia sea Palabra de Dios o la única autoridad. Ya dijimos que la Biblia no se puede contradecir, por lo que si una parte dice que además de lo escrito hay más fuentes de autoridad, como los apóstoles y sus enseñanzas orales, entonces no puede haber ningún versículo que contradiga esto.
—Insisto —replicó Martín con las orejas enrojecidas—, solo la Escritura es inspirada por Dios.
—Ay no, amigo —dijo Miguel riendo—, ya te pusiste terco y no has atendido a ninguna de nuestras reflexiones.
—Pero Martín —añadí—, es que 2da de Timoteo 3,16 nada nos dice sobre la Biblia.
Martín arrugó la cara y me increpó:
—¿Cómo que no?
—Sí, me gustaría saber por qué dices eso —dijo Félix, mirándome fijamente.
—Me explico. Cuando san Pablo escribió la segunda carta a Timoteo, los demás libros de la Biblia no se habían terminado de escribir. Por lo tanto, no puede referirse a ellos. Es más, San Pablo ni siquiera sabía si estaba escribiendo un libro que sería parte de la Biblia, por lo que si él se refiere a una Escritura tiene que ser una que ya existiera.
—¡Vaya! —exclamó Félix—, tiene todo el sentido del mundo.
—Claro —dijo Miguel—, san Pablo se refería era al Antiguo Testamento, no a los libros del Nuevo Testamento.
—Y no solo eso —añadí—, San Pablo ni siquiera nos da una lista de cuáles son esos libros que llama "Escritura inspirada por Dios", así que si fuera cierto que la Biblia es la única fuente de autoridad y doctrina, la misma Biblia debería darnos la lista de los libros fuera de los cuales no hay Palabra de Dios.
—¡Vaya! —volvió a exclamar Félix mientras Martín se retorcía en el mueble con los puños apretados—. ¡Pero esperen! Si esto es así, entonces obviamente la "Sola Scriptura" no solo contradice la Biblia sino que además es incoherente consigo misma.
—Sí —respondí—. La "Sola Scriptura" es incoherente consigo misma porque establece que fuera de la Biblia no hay certeza sobre la verdad revelada, pero esta idea no está en la Biblia porque no hay ningún versículo que lo afirme ni nos dé la lista de los libros inspirados.
—Entonces es como un castillo de naipes. No tiene ningún fundamento —dijo Miguel.
Martín tenía las orejas rojas, la cara arrugada y los puños apretados. Iba a decir algo, pero Félix lo interrumpió:
—Yo aquí, pensando, ese versículo que dice Martín no solo no habla de la Biblia, sino que también sirve para afirmar que cualquier libro es inspirado. Fíjense, dice "toda Escritura es inspirada por Dios", por lo que bien uno podría decir que el Corán, el Catecismo o hasta un libro de filosofía es inspirado por Dios.
En ese momento, Martín se levantó y dijo:
—Muchachos, tengo que irme.
Al instante, todos nos miramos extrañados. Mientras tanto, Martín salía de la casa dando portazo.

Comentarios
Publicar un comentario