¿Es cierto que la Iglesia de Cristo se corrompió en su doctrina con el tiempo?


Por: J. A. Tellessan.

Son muchos los grupos que afirman que la Iglesia de Cristo, la original —es decir, la Iglesia Católica—, con el tiempo, después de haber muerto el último apóstol, se corrompió en su doctrina. 

Muchos afirman que la Iglesia Católica se «paganizó», y que por eso los católicos creemos en la Santísima Trinidad, el purgatorio, los papas, la virgen María y otras doctrinas.

Sin embargo, quiero hacer reflexionar a los hermanos protestantes sobre un punto inflexible de nuestra fe.

Todos los cristianos partimos del dogma de que Jesús es Dios encarnado. Es la segunda persona de la Santísima Trinidad. Es Dios hecho hombre para salvar a todos los hombres. Todos los que nos llamamos cristianos aceptamos esto con fe viva, porque Jesucristo es nuestro Señor y Salvador. Solo quien cree esta verdad absoluta puede realmente llamarse «cristiano».

Ahora bien, si Jesús es Dios, entonces todo lo que dice Jesús es «Palabra de Dios». Por lo tanto, no puede mentir, porque él mismo dijo «yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14,6). Siendo que Dios es la verdad, en la verdad no puede haber mentira ni contradicción, porque en ese caso ya no sería Dios.

Partiendo de esto, es irrefutable que todo lo que Jesús dice es verdad. Por lo tanto, a nosotros, sus seguidores, nos queda solamente aceptar la verdad y creerla, porque es Dios mismo quien la dice.

Es aquí cuando caen en el error (y no solo error, sino herejía) los que dicen que la Iglesia Católica se paganizó y sus doctrinas se corrompieron, llevando a millones de almas por XVI siglos a la perdición, hasta que «milagrosamente» llegó la reforma protestante y sanó al cristianismo de las doctrinas paganas del catolicismo.

Cuando Jesús fundó la Iglesia Católica, lo hizo sobre la persona del apóstol Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; —Y añadió—: y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mateo 16, 18).

Entonces, ¿cómo puede decirse que la Iglesia que Cristo fundó con el tiempo se paganizó y sus doctrinas se corrompieron? ¿Acaso no es esto inferir que las puertas del infierno prevalecieron? 

Esto supone un gran problema. Porque al creer que la Iglesia de Cristo perdió su doctrina y se contaminó, es creer que el diablo ganó y prevaleció sobre la Iglesia, dejando a Cristo como mentiroso por no mantener su palabra. Y entonces, si Cristo es mentiroso no puede ser Dios, porque Dios es la Verdad absoluta.

Jesús dijo a su Iglesia: «Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mateo 28, 20). ¿Entonces creer que su doctrina se corrompió no es al mismo tiempo afirmar que Cristo abandonó a su Iglesia? Y si Cristo abandonó a su Iglesia entonces nuevamente queda demostrado que Jesús es un mentiroso y que no puede ser Dios.

Pero en vista de que todos los cristianos creemos que Jesús es Dios, no podemos afirmar que la doctrina de su única Iglesia se corrompió y que por eso fue necesario «volver a los orígenes» como si alguna vez la Iglesia Católica se hubiera alejado de su esencia original. Porque afirmar esto, es afirmar que «las puertas del infierno» prevalecieron.

Por lo tanto, invito a los hermanos cristianos a reconocer que Cristo fundó una sola Iglesia, y que esta Iglesia está preservada del error doctrinal, está sellada con la sangre del Cordero y desde su inicio hasta nuestros días es Santa porque su fundador es el Santo de los Santos. Es la misma Iglesia que fue gobernada por los apóstoles, con Pedro a la cabeza, y luego por sus legítimos sucesores, los obispos. Esta misma Iglesia es la que en el año 107 fue llamada por primera vez «católica» por su misión universal. Y que a pesar de estar diseminada por todo el mundo, cree una y la misma cosa. Porque existe «un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a la que han sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos» (Efesios 4, 4-6). Por eso cualquiera que se llame «cristiano» debe necesariamente adherirse a esta única Iglesia verdadera para la salvación de su alma.

«Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo». (Mateo 28, 19).

«Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará». (Marcos 16, 15-16).

«El Señor agregaba cada día a la Iglesia a los que se habían de salvar». (Hechos 2, 47).

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